07 Sep
07Sep

Por Alex Robledo

La ciudad de Nueva York es un escenario comúnmente utilizado en la producción cinematográfica estadounidense: sus calles, sus parques, sus rascacielos, y sus atracciones turísticas fungen como los espacios de acción y diálogo en las películas que la mayoría de nosotros apreciamos; sin embargo, existe otro cine, menos conocido, que también se ha filmado allí y explorado otro lado de la urbe. 

A continuación, algunas cintas que ocurren en distintos lugares y vecindarios: 

Something Wild (1986, Jonathan Demme)

Mitad comedia absurda, mitad thriller, sigue a una mujer de espíritu libre que “secuestra” a un banquero aburrido para que posea como su esposo en una reunión escolar; sin embargo, la tuerca gira cuando se topan al ex esposo real recién salido de la cárcel.Pionera respecto a la combinación de subgéneros, en su momento no fue del agrado del público. Hoy, las brillantes interpretaciones de Melanie Griffith, Jeff Daniels y Ray Liotta cimentan lo cool del cine ochentero y su invitación a buscar una vida no tan monótona. Si bien la primera parte ocurre alrededor de Tribeca (Downtown Manhattan), conforme inicia el road trip, la acción cruza el río Hudson y llega a Jersey City, Nueva Jersey.

Metropolitan (1990, Whit Stillman)

Considerada una de las mejores películas independientes de su década, sigue las cómicas desventuras románticas de un joven que entabla amistad con la sociedad debutante —“urban haute bourgeoisie”— del Upper East Side en Manhattan. Su humor tan ingenioso y sofisticado crítica ese estilo de vida a la par que lo abraza y le exige a sus personajes que abandonen la burbuja y conecten con el mundo real. Aunque la mayoría del film ocurre en The Plaza Hotel, los interiores se filmaron en distintos departamentos que disfrazan la falta de permiso-

Paris is Burning (1990, Jennie Livingston)

Este documental histórico ofrece una crónica sobre la escena drag afrolatina de Harlem a la vuelta de los ochenta. Filmado a lo largo de siete años y con entrevistas a sus miembrxs prominentes, nos proporciona una mirada íntima que atiende las rivalidades de las distintas “casas” de moda, los concursos, los bailes y, sobre todo, la unión familiar que celebra el orgullo y la resistencia contra un mundo excluyente.  

Igby Goes Down (2002, Burr Steers) 

Una coming of age que sigue a Igby, un adolescente misántropo nacido en el privilegio del dinero heredado, explora la posibilidad de una vida mejor. Así, le llega una oportunidad para mudarse a Nueva York e instalarse en el inframundo bohemio de Manhattan, con cada movimiento listo para enfadar a sus familiares. 

Con este ejercicio, Igby deambula por varios lugares —principalmente SoHo, Chelsea y Greenwich Village— y atendemos su odisea que nos mantiene adivinando qué sigue. 

Frances Ha (2012, Noah Baumbach)

Otra coming of age que cuenta las peripecias de Frances Halladay, residente neoyorquina sin departamento fijo y aprendiz de danza aunque no es bailarina. Con este peculiar modo de vida, su mejor amiga Sophie y una paleta monocromática que resalta lo cotidiano, se avienta de cabeza a sus sueños. 

El recorrido de Frances, en la Gran Manzana, se conforma con Prospect Park en Brooklyn; Tompkins Square Park en East Village, Bryant Park en Midtown, Chinatown y Washington Heights, en Manhattan. 

Inside Llewyn Davis (2013, Joel & Ethan Coen)

En los años 60, sigue una semana en la vida del músico Llewyn Davis mientras navega la escena folk de Greenwich Village. Únicamente con su guitarra, lucha por triunfar contra ciertos obstáculos aparentemente insuperables y de su propia creación. Su fotografía —del ojo de Bruno Delbonnel— que refleja el viaje interior de Llewyn, captura la sensación del invierno desolador neoyorquino y la tristeza abrumadora parte del humor de la dupla directora. 

Cuéntanos, ¿has visto alguna?, ¿recomiendas otra que evita las locaciones típicas?, te leemos en los comentarios.

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